Francisco consagra altar de Catedral Basílica de Panamá

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Francisco consagró el altar de la catedral de Panamá.
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Rincón de Lupe

En medio de los vítores de la población y el repicar de las nuevas campanas de la Catedral Basílica de Santa María la Antigua en el Casco Antiguo de la capital, el papa Francisco llegó a las 9:00 de la mañana de este sábado 25, penúltimo día de la JMJ, para celebrar la misa de consagración del altar de la primera catedral de tierra firme, ceremonia a la cual asistieron representantes del clero centromericano, autoridades nacionales e invitados especiales.

Afuera, en las calles aledañas a la iglesia y por donde pasaría la comitiva papal, la gente se congregó por miles desde muy temprano para saludarlo, tomarle fotos, hablarle, recibir una bendición y llevando carteles con mensajes y fotografías y participar de la ceremonia que se transmitía por altoparlantes. Y el Pontífice como es su costumbre respondió a las expectativas de los peregrinos.

Representantes de otras iglesias participaron en la ceremonia.
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Municipio de Panamá

La Catedral es la Sede Episcopal de la Arquidiócesis y se encuentra en la plaza Simón Bolívar del Casco Antiguo. Su construcción comenzó en 1608 y culminan en 1716, pero su consagración no se realiza hasta 1796. En 2014 por una petición de la Conferencia Episcopal Panameña, la Congregación por el Culto Divino y la “Disciplina de los Sacramentos” se confirió a la catedral al rango de Basílica Menor. En su altar, consagrado hoy, se colocaron las reliquias de tres santos latinoamericanos: Santa Rosa de Lima, San Arnulfo Romero, San Martín de Porres y de un santo polaco, San Juan Pablo II.

“No me parece un acontecimiento menor que esta Catedral vuelva a abrir sus puertas después de mucho tiempo de renovación. Experimentó el paso de los años, como fiel testigo de la historia de este pueblo y con la ayuda y el trabajo de muchos quiso volver a regalar su belleza. Más que una formal reconstrucción, que siempre intenta volver a un original pasado, buscó rescatar la belleza de los años abriéndose a hospedar toda la novedad que el presente le podía regalar”, dijo Francisco al terminar su homilía del sábado por la mañana.

 

“Una Catedral española, india y afroamericana se vuelve así Catedral panameña, de los de ayer pero también de los de hoy que la han hecho posible. Ya no pertenece solo al pasado, sino que es belleza del presente.  Hoy es nuevamente regazo que impulsa a renovar y alimentar la esperanza, a descubrir cómo la belleza del ayer se vuelve base para construir la belleza del mañana”, agregó.

En la homilía abordó la misión sacerdotal y las dificultades que pueden resquebrajar su vida de consagración. El “cansancio” que a veces pone en duda la viabilidad misma de la vida religiosa en el mundo de hoy.

“Así podemos acostumbrarnos a vivir con una esperanza cansada frente al futuro incierto y desconocido, y esto deja espacio a que se instale un gris pragmatismo en el corazón de nuestras comunidades. Todo aparentemente parecería proceder con normalidad, pero en realidad la fe se desgasta y se degenera. Desilusionados con la realidad que no entendemos o que creemos que no tiene ya lugar para nuestra propuesta, podemos darle ‘ciudadanía’ a una de las peores herejías posibles para nuestra época: pensar que el Señor y nuestras comunidades no tienen nada que decir ni aportar en este nuevo mundo que se está gestando”, dijo.

Advirtió que las fatigas están en el camino y que es necesario tener la valentía de decir “dame de beber”, pero que al igual que la Samaritana que dio agua a Jesús en el desierto, no cualquier palabra puede ayudar a recuperar las fuerzas. “No cualquier novedad, por muy seductora que parezca, puede aliviar la sed”, sentenció.

“‘Dame de beber’ significa reconocer que necesitamos que el Espíritu nos transforme en hombres y mujeres memoriosos de un paso, del paso salvífico de Dios. Y con confianza, así como lo hizo ayer, lo seguirá haciendo mañana: ir a las raíces nos ayuda sin lugar a dudas a vivir el presente, sin miedo. Tenemos necesidad de vivir sin miedo respondiendo a la vida con la pasión de estar empeñados con la historia, inmersos en las cosas. Con pasión de enamorados”, dijo el Pontífice.

Selfies, abrazos, vítores, hubo de todo en la Catedral.
Fue una ceremonia muy simbólica en la unidad de la fe, pues en el momento de intercambiar la paz, el Pontífice abrazó a los representantes de otras iglesias que se encontraban presentes. Al dirigirse a la salida, sacerdotes e invitados tuvieron la oportunidad de tomarse un selfie con Francisco y tomarle varias fotos y videos. Igual fue en el exterior, antes de partir hacia su siguiente compromiso en el Seminario Mayor San José.

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